La renovación política es necesaria
La renovación política es necesaria
Por Emmanuel Sebastián Jesús Ruarte:
El principal problema de la oposición actual en Argentina es que ha perdido credibilidad frente a los independientes, y frente a varios actores productivos y financieros. Esto sucedió por negar la posibilidad de un enfoque restrictivo en momentos de alta inflación. Si esta negación fue por oportunismo político fue bastante peligroso para el orden macro, y para la credibilidad de una propuesta, y si fue por ignorancia macroeconómica básica, sería mucho peor, porque evidenciaría una incapacidad de gobernar sin descuidar la macro.
Vos podés ser proteccionista o librecambista, pero el orden macro no se negocia. Una de las cuestiones más básicas y elementales, seas proteccionista o librecambista, para tener una macroeconomía ordenada, es tener un índice de inflación interanual de un dígito y bajo, más cercano al 1% interanual que al 9% interanual, para poder tener más chances de crecer en términos reales, si le descontamos la tasa de inflación a la tasa de crecimiento nominal, de modo contrario, si no cuidas esos índices de inflación normales, vas a atrasar el tipo de cambio, vas a desalentar las exportaciones, tendrás escasez de reservas y exceso de pesos circulantes, y no vas a poder crecer en términos reales, que es algo que la Argentina no hace desde 2012. Incluso tampoco crecerá en términos reales este año 2026, entonces no hay nada para festejar en términos de ordenamiento macro desde 2012 en adelante, y las administraciones desde ese año hasta la fecha, deben hacer una autocrítica por descuidar el tema de la inflación, independientemente de que en otros ámbitos pueden tener aciertos y de esto ya hablé en mi artículo sobre industria y estabilización de precios presente en mi blog.
Ojalá tengamos un compromiso desde todos los partidos para tener una macroeconomía ordenada, independientemente de las diferencias que podamos tener entre nuestras ideas. Porque tenemos una inflación interanual de dos dígitos de 2012 de forma sostenida, que llegó a ser superior al 20% en 2015, superior al 50% en 2019, superior al 200% en 2023, y hoy la inflación anual disminuyó en relación al gobierno de Alberto Fernández, pero sigue siendo alta, porque lo que tenemos en dos meses de inflación interanual, lo deberíamos tener en un año. Incluso Dilma con el apoyo de Lula hizo un ajuste para equilibrar precios, y Perón en el 52 también hizo un ajuste de shock exitoso y sin descuidar la industria. El orden macro no es de izquierda ni de derecha, es cuestión elemental para tener una economía sana, y poder crecer en términos reales.
Dicha la introducción, comienzo con mis argumentaciones. Como es evidente, creer que la economía es una expansión sin fin como a veces sostienen los líderes del kirchnerismo, no solamente niega las fases de los ciclos económicos, sino también que es algo, que ni el presuntamente amado por Kicillof, John Maynard Keynes planteó alguna vez, autor del cual soy crítico, sin caer en el dogmatismo ortodoxo ni heterodoxo. Cabría recordar al gobernador bonaerense, que Keynes apoyaba la expansión solamente en contextos de recesión, pero advirtió que en otros contextos como de alta inflación o pleno empleo, no es prudente el estímulo al consumo, sino más bien, aplicar una restricción del poder de compra, como lo planteó más adelante en 1940, y de ese modo, disminuir la demanda interna y bajar precios. También cabría recordarle al ex ministro Kicillof y a Cristina Kirchner, que Incluso Perón siendo práctico, no ideológico, ni dogmático, aplicó dicha restricción del poder de compra, y de forma temporal, en un programa de estabilización de precios en el año 1952, como mencionamos anteriormente. De ese modo, la inflación pasó del 38 por ciento interanual, al 4 por ciento interanual en 1953, y en el 3,8 por ciento interanual en 1954. Eso permitió que en los años 1953, y 1954, la economía argentina pudiera crecer en términos reales, si descontamos la tasa de inflación a la tasa de crecimiento nominal de 1953 y 1954. Lo interesante de este programa de ajuste de shock exitoso, es que no descuidó la industria, ya que profundizó el perfil industrial de la Argentina, y particularmente con un ingreso de divisas por cuenta capital en la industria pesada. Incluso ante dirigentes del sindicalismo, Perón explicó esta inyección de divisas: “El petróleo lo tenemos, es cierto, pero ¿De qué nos sirve que se encuentre a dos, tres o cuatro mil metros de profundidad en la tierra? Para sacarlo necesitamos muchos e inmensos capitales que, desgraciadamente, no disponemos por ahora. ¿Que ellos sacan su beneficio? Por supuesto que no van a venir a trabajar por amor al arte. Ellos sacan su ganancia, y nosotros la nuestra: es lo justo”. Esto es ser práctico, que es lo que necesitamos de un lado u otro, no ideologismos.
En contraste, el plan de estabilización de Menem desindustrializa la Argentina, y cae en el fundamentalismo de mercado.
Como comentario adicional, el gobierno de Milei también a veces parece mostrar cierta negación macro, cuando condena la posibilidad teórica de adoptar un enfoque expansivo en la economía si se encontrara en el contexto de una depresión económica, que no es el escenario actual, porque seguimos con alta inflación, pero desde sus narrativas anarcoliberales, parecieran no creer en la necesidad de ser expansivo en las depresiones, y Kicillof y Cristina niegan la posibilidad de ser restrictivo en contextos de alta inflación. Dogmatismo ideológico de un lado y del otro.
A Kicillof, con quien no tengo problemas personales, ya que no lo conozco personalmente, solamente tengo diferencias de miradas, le recuerdo Keynes en su teoría general, menciona que los estímulos fiscales, solamente se justifican en contextos de desempleo involuntario, con capacidad ociosa, es decir, en momentos de depresión económica. Por dar un ejemplo actual, no en contextos de alta inflación, en lo que hoy se considera alta inflación para todo banco central, sea la Reserva Federal de los Estados Unidos con Powell, o el banco central de Brasil, como lo es una inflación interanual cercana al 9 por ciento, o del 10 por ciento interanual como en 2012 con Cristina Kirchner y Boudou, o del 20 por ciento interanual como en 2015 con Cristina Kirchner y Kicillof como ministro de economía, o del 50 por ciento interanual como en 2019 con Macri que hizo mal el ajuste, con solamente un ancla monetaria y no cambiaria, que derivó en un pass through, o del 200 por ciento interanual como con Alberto Fernández en 2023. En definitiva, Kicillof como ministro y Cristina como presidenta, fueron los padres de los desequilibrios macroeconómicos actuales, dejando una inflación interanual superior al 20%, que rompió la competitividad del tipo de cambio, desalentó las exportaciones, generó escasez de reservas y exceso de pesos circulantes. Macri hizo mal el ajuste, empeorando la inflación heredada, llevando la misma al 54 por ciento, y aumentando la deuda externa, y Alberto Fernández con Massa, Gúzman y Batakis, cuadruplicaron la inflación de Macri. La alternativa a Milei, no puede ser los padres de los desequilibrios (Kicillof, Moreno y CFK), ni tampoco quienes no supieron o empeoraron los mismos, como Macri, Alberto Fernández, Gúzman, Massa y Batakis, ya sea por sus ejecuciones o sus recomendaciones. En las recomendaciones entran Grabois que pedía irresponsablemente más estímulos al consumo en un contexto de alta inflación, y Máximo Kirchner que no quiso apoyar un acuerdo de pagos con el FMI, al que le tenés que pagar, te guste o no, negociando previamente de forma soberana, porque no ayuda al país caer en default, y siempre es mejor ser “Un pagador serial” como diría su madre, para que el país no pierda reputación, y no quede como un incumplidor, algo muy malo para los intereses nacionales, y que no comprendieron esto, los irresponsables que nos llevaron al default, o peor otros, que encima lo festejaron en pleno congreso de la nación.
A su vez, el ejemplo de Macri, evidencia que vos podés tener un ancla monetaria y fiscal, pero si no tenés cierta ancla cambiaria temporal hasta estabilizar precios, es decir, hasta que los mismos lleguen a una inflación interanual de un dígito y baja, un programa de estabilización en Argentina puede fracasar. Obviamente, después de estabilizar los precios en una inflación interanual de un dígito y baja, más cercana al 1 por ciento interanual, que al 9 por ciento interanual, luego lo recomendable para uno, es flotar de forma sucia, y sin muchos pesos circulantes. De ese modo, el rebote en la inflación no llega a una hiper, por eso la flotación sucia del 2002 no derivó en una hiper, llegó a un pico cercano al 40 por ciento de inflación interanual en 2002, pero ya en diciembre del año 2003, la inflación interanual llegó al 3,7 por ciento, y con un tipo de cambio competitivo, y superávit fiscal y comercial, es decir, logró una macro en orden, con el deber de compensar lo social, sin descuidar los equilibrios macro.
También conviene aclarar que no siempre se da este escenario ideal del 2002, para flotar con un piso de inflación tan bajo para no sufrir una hiper o una inflación incontrolable, pero lo ideal es primero ir hacia dicho piso, y luego flotar para no sufrir una hiper o una inflación incontenible. Recomiendo esto, porque las experiencias de salir a flotar o devaluar fuerte con un piso de alta inflación, durante el 75, y desde el 76 al 83, derivaron en una inflación incontrolable de tres dígitos interanuales. También es cierto que a veces la urgencia por sumar reservas por compromisos externos para no caer en default, o cuando no hay ingreso de capitales por cuenta capital mientras estabilizas precios puede ser difícil, y entiendo a quienes desean aceptar matices o correcciones temporales cambiarias, o un tipo de cambio diferencial y temporal de unos pocos días, para salir de la urgencia de sumar reservas, y aprovechando la cosecha gruesa u otros sectores exportables en otros contextos. Aclaro esto, porque a veces los gobiernos tienen pensado tener un ancla cambiaria, fiscal y monetaria para estabilizar precios, pero si no tenés ningún incentivo para exportar y nadie te presta dinero en el extranjero, tenés que crear lamentablemente ese incentivo temporal sacrificando temporalmente el ancla cambiaria, o hacer una ventana de oportunidad en la cosecha gruesa para hacerte de reservas, etc. Pero si no hay compromisos externos para pagar algo para no caer en default, el ancla cambiaria es innegociable para estabilizar. Por otro lado, o sinceras precios o te ponés a estabilizar precios, las dos al mismo tiempo a veces son inconducentes.
Asimismo, no solamente la alternativa no puede ser el padre de los desequilibrios macroeconómicos como Kicillof, sino también que recuerdo que como ministro de economía, afirmó algo insólito para dicho cargo, y sobre todo para un economista, ya que dijo que Shell había comprado dólares más caros para fijar el precio del dólar, eso es técnicamente imposible en un contexto de cepo cambiario y donde el precio del dólar lo fijaba el banco central.
Las decisiones económicas del ex ministro de economía Kicillof, no obedecen a cuestiones técnicas, ni a la ideología que dice profesar, tanto en términos de autores económicos (Keynes), como en términos políticos (Perón), sino también, que tiene una falta de practicidad en una cuestión básica y elemental de una macroeconomía ordenada, que expande en las recesiones y que ajusta o contrae en momentos de alta inflación, como hace la reserva federal de los Estados Unidos con Powell, sin dogmas ideológicos, sino siendo práctico, heterodoxo cuando hay que ser heterodoxo y ortodoxo cuando hay que ser ortodoxo, y no solamente como Powell, también como Perón o como el actual banco central de Brasil.
Está claro que los Kirchner tuvieron un mérito en reducir la deuda externa, nadie lo va a negar, y en haber mejorado en lo social desde el 2003 al 2007, por dar un ejemplo, pero también deben reconocer sus errores en la macro, al descuidar los equilibrios durante el 2012 - 2015 y durante el 2019 - 2023.
También, uno se pregunta, que si dichas figuras hoy no son creíbles para uno que no es un antiperonista, no me quero ni imaginar la poca credibilidad que tendrán en los votantes independientes que sí lo son. Hablo de economía y política, de hechos y de resultados, lo judicial no me compete ni me interesa, dejo actuar a la justicia, en la cual no tengo influencia, ni me interesa tenerla, por mí, que la misma valla a fondo con toda corrupción posible, sea dentro de mi partido y en todos los partidos, pero respetando el debido proceso, y la presunción de inocencia.
A su vez, no sabemos si Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, sabían o no que había que corregir la macro, en 2012 por parte de Cristina y en el 2023 por parte de Massa, tampoco conozco, si no lo hicieron para que la corrección la hiciera el próximo gobierno luego de las elecciones, sea dicho gobierno justicialista o no, lo que sí sabemos, es, que no si no manifiestan esa necesidad de corrección públicamente durante los períodos mencionados, es decir, en el segundo mandato de Cristina Kirchner con Kicillof como ministro, y Alberto Fernández con Guzmán y Massa como ministros, evidenciarían o una imprudencia grave por cuestiones electorales, o una incomprensión macroeconómica básica, que entienden incluso hasta los no economistas, lo que sería peor y peligroso. Y si parecería evidente, que dicha presunta incomprensión macroeconómica, parecería estar presente en Grabois y Máximo Kirchner, y en sectores de la izquierda. No lo digo para ofender, lo digo descriptivamente, y como se ve desde afuera, al escucharlos hablar, aunque puedo estar equivocado.
Está claro que no hay bienestar social sostenible, con índices altos de inflación, que perforan el poder adquisitivo de los trabajadores. Un sindicalista prudente, o un dirigente social o político prudente, no pide más estímulos a la economía en un contexto de alta inflación, pide y apoya un programa de estabilización de precios serio, como los sindicalistas que apoyaron el ajuste de Perón del año 52, que además fue exitoso y cuidó la industria, como dijimos anteriormente.
LA NECESIDAD DE RENOVACIÓN:
La renovación dentro de los partidos políticos es necesaria, porque es más importante el país, que los egos de quienes desean aferrarse al poder político, quizá por tener problemas judiciales o por el miedo a tenerlos por haber cometido presuntas inmoralidades. Esa renovación en los liderazgos, no puede ir con personas del pasado, cuando las mismas han perdido credibilidad en el votante independiente, a menos que dichas personas del pasado, reconozcan sus errores o vayan al centro. Pero pese a reconocerlos, en algunos casos, la credibilidad está rota frente a los indecisos, y está rota tanto en parte dentro de sus partidos, como hacia el elector de otro partido o frente a independientes con personas como los Bruera, Alberto Fernández, o Tolosa Paz, porque son apellidos que no te sirven hoy para interpelar al elector de otro partido, ni al independiente, ni al indeciso, no lo digo para descalificar, sino como poniéndome en el lugar del independiente que quiere lo nuevo, una alternativa. Hoy aproximadamente, sólo uno de cada 4 argentinos se identifica con el kirchnerismo, según las últimas elecciones legislativas nacionales, y esa credibilidad está rota frente al votante independiente, y muchos más aún, frente al que tiene otra identidad partidaria. La renovación de los dirigentes de los partidos tradicionales es sustancial y necesaria, y más aún, la autocrítica de los errores de dichos partidos a lo largo de su historia, pasada y reciente, sin eso, no hay reconciliación posible ante la sociedad. No sos una mejor persona si no reconoces tus errores, sos una peor persona y un peor dirigente, los partidos son más importantes que las personas, y hablo de los partidos como herramientas electorales. Y los gobernantes, deben gobernar en función de lo que es mejor para el país, no en favor de los intereses de sus partidos.
A su vez, está claro que Argentina necesita un banco central independiente, como Brasil, para evitar al político que expande por demás y al que ajusta por demás, y que esto esté en la constitución, también se necesita vía constitución, límites en los niveles de deuda, y límites en el nivel de déficit, y supongo que a autores como James McGill Buchanan, le hubiese gustado la propuesta. De hecho, tiene algo similar la unión europea en el tratado de Maastricht, en referencia a los límites de deuda y déficit.
Demás está aclarar, que para que un plan sea consistente, debe tener credibilidad en el mercado, tanto en su faceta productiva como financiera, o por lo menos ganarse con hechos esa credibilidad, ya que el mercado es en definitiva, el que invierte en el país, ya sea en títulos públicos, o en la economía real. También es el que decide cuándo y cuanto exportar, etc.
Como conclusión, la Argentina debe renovar liderazgos dentro de los partidos tradicionales, o crear partidos nuevos si dentro de los partidos tradicionales esto no es posible, lo que perjudica a los partidos tradicionales si no se despiertan en este necesario cambio de renovación, pero debe existir renovación sí o sí. Las alternativas al actual gobierno nacional no pueden ser los padres de los desequilibrios macroeconómicos actuales, que fueron Cristina Kirchner y Kicillof como ministro. Tampoco Macri que duplicó la inflación heredada de Cristina y Kicillof, y que no supo corregir los desequilibrios heredados, y empeoró los niveles de deuda externa que habían mejorado durante los mandatos de los Kirchner. Tampoco puede ser Massa, Guzmán, Máximo Kirchner, Grabois y Moreno, y los nombres anteriores, que han propuesto, algunos desde la ejecución y otros desde la recomendación, el darle más estímulos al consumo en un contexto que requería todo lo contrario, como en el segundo mandato de CFK y en el mandato de Fernández, y donde dichos estímulos, solamente eran tolerables durante la pandemia al caerse la economía global durante los confinamientos, que en Argentina fueron demasiado largos, pero luego de terminada la pandemia, dichos estímulos al consumo eran imprudentes. La renovación es necesaria para la alternancia política y para la democracia, como así también, para la supervivencia de los partidos tradicionales, sino miren cómo terminó el PRI en México, y hablo de la renovación, en función de la conducción de los liderazgos dentro de los partidos. Insisto, si los partidos tradicionales, obturan o obstaculizan dicha renovación, tendrán que crearse partidos nuevos, y construir un consenso entre los mismos sobre el orden macro. Tener un sistema de empleo público abierto, democrático y concursado, para que entren los mejores al Estado, se mejoren los servicios, y se reduzca el gasto en contratar personal innecesario, como así también, introducir elementos de la cuarta revolución industrial en la gestión del Estado, sin reemplazar al ser humano, sino ser complementos para agilizar procesos y modernizar, calificar al personal por su rendimiento, y ahí veremos cómo muchos se van a esforzar por resolver.
Debe existir un orden, y un arbitraje justo, que no nos lleve ni a una situación anárquica en el mercado, ni tampoco a un exceso de regulación que entorpezca la actividad económica. Ese orden también debe ser en las calles, no que veinte personas corten la avenida nueve de julio cuando pueden manifestarse en plaza de mayo. Respetar el derecho de transitar y el de peticionar ante las autoridades como está presente en el artículo 14 de la constitución nacional es importante, salvo que ese orden no pueda aplicarse, por ser miles de personas en una manifestación y ese día no puedan garantizarse ambos derechos constitucionales mencionados. Renovación de personas, y de liderazgos, bajo un orden racional y justo.
Tampoco puede tolerarse de Kicillof y Cristina, esa romantización del déficit sin hablar del contexto de dicho déficit. Los países que se pueden permitir tener déficit es porque el mercado les presta al ser creíbles, no tuvieron 9 defaults como la Argentina. Con CFK teníamos escasez de reservas, por desalentar las expo vía atraso cambiario por inflación y exceso de pesos, por eso no podíamos tener déficit. Mi postura no es ortodoxa, ni heterodoxa, es una postura que no niega las restricciones reales, ni los contextos de cada economía y país. Por otro lado, el gobierno de Cristina subestimó la inflación, la misma rompió la competitividad del tipo de cambio como dijimos recién, desalentando las exportaciones y por ende las reservas, y provocó que la economía dejara de crecer en términos reales desde 2012 hasta la actualidad. Ya que si descontamos la tasa de inflación, superior al 10 por ciento interanual de diciembre de 2012, a la tasa de crecimiento de dicho año que no llegó ni a un punto, nos daremos cuenta que no crecemos en términos reales desde dicho año. Por eso es importante mantener los equilibrios macro, no solamente para crecer en términos reales, sino también para no atrasar el tipo de cambio, y no desalentar las expo que nos dan reservas, y cuando se rompen los equilibrios, hay que corregirlos, como hizo Perón con su programa de ajuste del 52, o Dilma con su ajuste, incluso con apoyo de Lula. Y cuando estás en depresión económica, expandir, en definitiva menos ideología y más practicidad. CFK y Kicillof no hicieron la corrección que debían hacer para la desinflación, o por ignorancia macro básica o para dejarla para el próximo gobierno. Macri hizo la corrección mal, empeoró la inflación y endeudó, y Alberto, arregló poco, y empeoró la inflación. Lo paradójico es que al padre de los desequilibrios, Kicillof, lo venden algunos como algo novedoso. Insólito. Otro ejemplo: Brasil es un vecino con déficit, sí, pero tiene un porcentaje importante de su PBI en reservas, lo que hace que le presten para financiar el déficit, tipo de cambio competitivo que alienta las expo, gracias a que no descuidó la inflación, con un banco central independiente. Realidades, no terraplanismo económico. Está claro que si tenés escasez de reservas, no podés tener déficit, y si tenés muchas reservas netas, sos más confiable al mercado para que te presten para financiar tu déficit. Por ende, justicar el déficit de CFK de su segundo gobierno es precario, por su contexto de escasez de reservas y exceso de pesos.
Y en política internacional, necesitamos un gaullismo, es decir, un occidentalismo autónomo. No es necesario tener un vasallaje como Menem, que tuvo un vasallaje hacia los Estados Unidos, ni hacer como Cristina Kirchner, que tuvo un vasallaje hacia China y Rusia, y con un doble estándar en el derecho internacional, del que hablé en otro artículo. Perón era contracíclico en economía, e industrialista, y en política exterior, era un autonomista regionalista, relacionándose políticamente y económicamente con occidente desde la autonomía, y desde la región, y con el este, ya no desde lo político, sino solamente desde lo económico, dicho por él mismo en una entrevista, no por mí.
Fuentes:
https://www.youtube.com/watch?v=Aracgfz_VQA
https://www.infobae.com/opinion/2022/01/17/cuando-peron-hizo-el-ajuste/
https://www.emmanuelruarte.com/perondegaulle
https://www.emmanuelruarte.com/el-doble-est%C3%A1ndar
https://www.emmanuelruarte.com/el-equilibrio-de-poder
https://www.emmanuelruarte.com/industria-y-estabilizaci%C3%B3n-de-precios
Autor: Emmanuel Sebastián Jesús Ruarte
26/01/2026