La revista "The Economist" y su soberbia que alimenta el horror, en un ejercicio de irresponsabilidad social
La revista "The Economist" y su soberbia que alimenta el horror, en un ejercicio de irresponsabilidad social
Por Emmanuel Sebastián Jesús Ruarte:
Hace muchísimo mal The Economist en jugar a un lenguaje críptico en sus ilustraciones y predicciones anuales, porque precisamente al estar en manos una parte de dicha revista en un sector de la familia Rothschild, lo único que hace es alimentar ridículas teorías conspirativas en contra de dicha familia, y en contra de un sector de la colectividad judía, poniéndose dicha revista en una pose de arrogancia, de querer dar a entender al otro que sabe más que el ciudadano promedio, sobre lo que supuestamente sucederá. La pose estética de dicha revista, no es una pose liberal, sino una pose un tanto historicista, en el sentido de fingir predecir el futuro como hace con ilustraciones crípticas, y esa pose estética, tiene más que ver con la tradición hegeliana, la marxista, y en algunos casos, con una raíz en la tradición religiosa, que con la estética liberal de un producto gráfico. Y aunque Popper haya escrito alguna vez en dicha revista, el actual enfoque tecnocrático de The Economist, de opiniones como si fuesen verdades reveladas e irrefutables, que contradicen todo espíritu liberal, y sobre todo esa pose arrogante en su estética gráfica, de jugar a pretender un saber elitista por encima del ciudadano promedio, lo único que hace es fomentar ridículas teorías conspirativas en contra de la colectividad judía, por culpa de unos pocos estúpidos que juegan al misterio de forma infantil, y sobre todo, con una profunda irresponsabilidad social. Pienso que esa arrogancia, y esa demostración de un presunto poder, actitud que es propia de la gente pobre de espíritu, lo único que hace como dije anteriormente, es sembrar una mayor cantidad de ridículas teorías conspirativas respecto de una familia y respecto de la colectividad judía. Con lo cual, esta actitud de The Economist, más bien me parece una actitud profundamente estúpida, parasitaria, infantil, arrogante, soberbia, e irresponsable socialmente, y sobre todo antiliberal, por creerse el dueño de una verdad absoluta, cuando precisamente muchas de sus posturas, son propias de un modelo de sociedad excluyente, y no precisamente para que la libertad sea para todos, no solamente para los económicamente poderosos, y precisamente, para aquellos que no son económicamente libres. Una cosa es hacer predicciones científicas que pueden ser acertadas o no de forma profesional e institucional en su contenido y estética, y otra cosa es adoptar una pose encriptada, elitista, arrogante e historicista en su estética, que poco tiene que ver con el liberalismo, que promueve una sociedad abierta y transparente. The Economist, una revista con discurso liberal, pero con una estética historicista, elitista y críptica que no tiene nada que ver con el liberalismo, y sobre todo dicha estética, es irresponsable socialmente con una familia y con una colectividad, dándole combustible al antisemitismo. Y si alguien tuviese verdaderamente poder, no necesita explicitar el mismo, ni jugar al misterio de “Yo sé algo que vos no sabes”, sino, que el poder es humildad y transparencia, y sobre todo, implica una responsabilidad social, seas una revista, un presidente, o el miembro de una institución social o religiosa. El poder es responsabilidad, el poder es humildad y fomento de la transparencia. Invito a la gente a no suscribirse a dicha revista, que por lo menos desde los años noventa, antes de la llegada de la familia Rothschild como accionistas de la revista en 2002, tiene esta pose soberbia antiliberal, que tengo entendido que no siempre tuvo. Yo creo en instituciones transparentes, y profundamente humanitarias, y pese a ser uno demasiado conservador para los progresistas, y demasiado progresista para los conservadores, mi postura de creer en instituciones transparentes y humanitarias, es mucho más liberal que aquellos que juegan irresponsablemente al secretismo y al misterio, de forma estúpida, parasitaria, irresponsable e infantil, sin medir las consecuencias sociales de sus actos.
Por otro lado, también es cierto que la revista The Economist a lo largo de los años, ha recomendado determinadas políticas aperturistas en los años noventa, que lo único que han hecho esas políticas, han sido concentrar gran parte de la producción mundial de bienes en el sudeste asiático y particularmente en China, y si siguiésemos las recomendaciones económicas de dicha revista, esta tendencia podría pronunciarse. Este comentario no es una crítica desde una postura mercantilista, sino entendiendo que el mundo no puede promover economías completamente cerradas, como tampoco economías completamente abiertas propias del fundamentalismo de mercado de los noventa, que se pregonó desde la revista The Economist. Las economías deben ser dentro de todo abiertas, pero con algunas protecciones selectivas en sectores estratégicos o geoestratégicos. Pero si siguiésemos las recomendaciones de la revista The Economist que dio irresponsablemente en los años noventa, se fomentaría la desocupación en muchos países de occidente, al cerrar fábricas y al delegar la producción de determinados productos de manera más pronunciada en el sudeste asiático. Aclaramos que no es malo producir en el sudeste asiático o en otras partes del mundo, siempre y cuando no dejes a tus trabajadores sin empleo y sin fábricas de esas mismas empresas en sus países de origen, es decir, producir una parte localmente en los países del centro y otra parte en países de la periferia, por dar un ejemplo, puede ayudar a las empresas a reducir costos, pero sin descuidar a su ciudadanía local, pero pensar el mundo donde la producción mundial de bienes se base exclusivamente en el sudeste asiático, dejando sin trabajo a millones de personas en el mundo occidental, es una irresponsabilidad recomendar eso y sobre todo, es un fundamentalismo económico, que no tiene nada que ver con la ciencia económica, sino más bien con un fundamentalismo económico, casi religioso.
Autor: Emmanuel Sebastián Jesús Ruarte
27/07/2026